Se recrudece el debate sobre la tauromaquia en Colombia

Bogotá, 27 ene Gonzalo Domínguez Loeda (EFE).- Mientras la Corte Constitucional no se pronuncia y aplaza su decisión acerca de las corridas de toros, el debate en Colombia se ha recrudecido y las posiciones están cada vez más diametralmente separadas entre animalistas y aficionados a la fiesta brava.

El debate no es ajeno al que se desarrolla en otros países donde los toros son tradición, ni los argumentos tienen un color diferente, sin embargo la capital colombiana se ha convertido en el epicentro del debate al reabrir la plaza de La Santamaría tras casi cinco años sin que entraran los astados.

El pasado domingo ese cisma se reabrió con el inicio de la temporada taurina bogotana, que los organizadores bautizaron como “de la libertad”.

A la entrada del coso los disturbios se multiplicaron en una marcha antitaurina convocada con aires de paz y que terminó en violentas agresiones a los aficionados que intentaban acceder a la plaza.

Los argumentos de quienes estaban fuera se referían a la necesidad de abolir la tauromaquia por la crueldad que implica para los toros, que consideran torturados desde el momento en que son trasladados a las plazas y al “sadismo” que consideran supone hacer de eso un espectáculo.

Los partidarios alegaban por su parte la defensa de una tradición cultural y familiar, así como a que los toros de lidia son criados específicamente para eso y al derecho de las minorías, como se consideran hoy los taurinos.

Los argumentos, por tanto, no son muy diferentes a los que se multiplican en otras partes del mundo donde los toros también tienen un espacio social, entonces ¿por qué el debate colombiano ha saltado a la palestra?

El encargado de poner el tema en la agenda política fue el entonces alcalde bogotano Gustavo Petro, del partido de izquierdas Progresistas, que en 2012 consideró que La Santamaría debía usarse para “actividades de vida y no de muerte”.

Entonces comenzó una batalla legal que llegó a la Corte Constitucional en septiembre de 2014, cuando ordenó el regreso de las corridas de toros a La Santamaría con un fallo favorable a la Corporación Taurina de Bogotá una acción de tutela (recurso de amparo) presentada contra la decisión de Petro.

Consideró entonces “que no existe una norma legal que imponga la prohibición general de los espectáculos taurinos” y recordó que la tauromaquia es una “tradición cultural de la Nación, susceptible de ser reconocida por el Estado”.

Ahora el Constitucional debate de nuevo acerca de los toros y aplazó su estudio a la semana próxima, si bien varias son las voces que dicen que los antitaurinos vencerán esta vez.

El nuevo alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, que tomó posesión de su cargo el 1 de enero de 2016, también se mostró en contra del regreso de los toros, si bien tuvo que acatar la orden jurídica de la reapertura.

Sin embargo, tras la violencia desatada el pasado domingo ha comenzado a flaquear en su apoyo a los antitaurinos y ya ha anunciado que no permitirá más protestas en la temporada taurina bogotana, que se extenderá hasta el 19 de febrero.

Pese a esa prohibición, todo apunta a que los enfrentamientos entre animalistas y la Policía se recrudecerán este domingo, segunda jornada de la temporada que tiene unos precios que oscilan entre los 130.000 pesos (unos 44 dólares) y los 728.000 pesos (unos 247 dólares)

Todo eso en un país donde el salario mínimo es de 737.717 (unos 251 dólares).

Sin embargo, la afición a los toros en Colombia no goza de buena salud, tal y como reconoce Víctor Duisabá, cronista taurino y autor de varios libros sobre el tema, como “La afición” y “El toro de lidia en Colombia”.

“Hoy la actividad taurina está casi que proscrita a pesar de ser legal”, aseguró.

Además, explicó que “ha habido una reducción de la actividad innegable”, ya que el número de espectáculos taurinos hoy en Colombia “es mucho menor que el que se ha dado históricamente”.

En opinión del cronista, que recorre desde hace años el país narrando las corridas, “la actividad en los pueblos ha disminuido de manera vertical”.

Así sucede en las ciudades más taurinas, con la excepción de Manizales, donde se mantiene la afición incluso entre el sector joven.

Diusabá también considera que cuando se produjo su cierre, en 2012, La Santamaría se encontraba en un buen momento y era, en su opinión, “la plaza más importante de América”.

Sin embargo, considera que lo más difícil de superar es que cada vez hay menos toros de lidia, por lo que se complica esa máxima de que “mientras haya un toro y una persona dispuesta a ponerse delante habrá fiesta brava”.

Con ese complicado panorama entre la afición y los legisladores debatiendo el futuro de la tauromaquia, este domingo Bogotá vivirá la segunda jornada de su temporada taurina envuelta en la polémica.