“No permitiré manifestaciones cerca de la plaza de toros” Peñalosa

Bogotá, 23 ene (EFE).- El alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, aseguró hoy que las autoridades no permitirán manifestaciones en los alrededores de la plaza de toros La Santamaría luego de que grupos de antitaurinos se enfrentaran a la Policía por la polémica reapertura del escenario tras estar cuatro años cerrada.

“Debido a la violencia que se presentó, el próximo domingo no permitiremos manifestaciones en las inmediaciones de la plaza Santamaría”, aseguró el alcalde en un mensaje difundido en su cuenta de Twitter, donde afirmó además que aumentarán “los efectivos de Policía para proteger a quienes vayan” al escenario.

Unos 1.000 manifestantes entre defensores de animales, ambientalistas y otros colectivos acudieron al barrio de La Macarena, donde está situada La Santamaría, para manifestarse contra el reinicio de la temporada taurina.

Al grito de “asesinos, asesinos”, los manifestantes, que portaban pancartas contra la tauromaquia, recibieron al público que trataba de ingresar a la plaza de toros, a algunos de los cuales les arrojaron pintura roja y diferentes objetos, lo que obligó al Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía a intervenir para tratar de mantener el orden.

Los policías llegaron a lanzar gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes y tuvieron que escoltar, junto con miembros de la Defensoría del Pueblo y gestores de convivencia de Bogotá, a los taurófilos hasta La Santamaría.

En las manifestaciones, resultaron heridas 34 personas, cinco de ellas policías, y fueron detenidas seis por agredir a los asistentes, manifestó el comandante operativo de la zona centro de Bogotá, coronel José Daniel Gualdrón.

Entre los heridos hay un funcionario de la Personería y dos gestores de convivencia de la Alcaldía de Bogotá que trabajaron este domingo para escoltar a los aficionados que querían acceder a la plaza y que fueron increpados por los antitaurinos, agregó el oficial.

La Santamaría cerró en junio de 2012 por orden del entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien consideró que ese escenario debía usarse para “actividades de vida y no de muerte”.